Juan Avellanosa
ROOM SPIEL

Dibujos, pinturas y grabados

Exposición del 16 de octubre al 8 de noviembre de 2019


Vernissage: Miércoles 16 de octubre, 19 horas
Acabado: Viernes 8 de noviembre, 19 horas

Horario de apertura:
Martes 13 – 17 horas
Miércoles y viernes 16 – 20 horas
y por acuerdo

Entrevista con el artista

Juan Avellanosa Peña
nacido en Madrid el 15.05.1979

Háblame sobre tu infancia, ¿cómo era el ambiente cultural y social?, ¿dónde vivías?, ¿quiénes son tus padres y a qué se dedican? ¿Tienes hermanos?

Mi infancia la viví en Madrid, muy cerca del parque del Retiro, con mis padres, mi hermana y un grupo de familias más o menos congeniales. Una vez pregunté a mis padres si teníamos dinero, porque alguien en el colegio me había hecho esta pregunta y quería dar una respuesta informada o al menos conocerla; me dijeron que no. Poco a poco descubrí que mi familia era de clase media. Mi madre fue actriz de teatro y cine y tras mi nacimiento se dedicó a la logoterapia. Cuando murió supe por el periódico que había sido “la musa de la Escuela Oficial de Cine”. Mi padre fue psiquiatra infantil; según el, soy hijo de una artista y de un deportista. Mis padres y su generación en general son más idealistas, más liberales y más generosos que la mía. En mi juventud tardía hube de admitir que mis padres eran intelectuales, aunque yo nunca lo fui ni lo soy. Los aspectos más importantes de miembros de mi familia, los esenciales, me son naturalmente desconocidos y soy reacio a rasgar ese tipo de velos si es que son velos.

¿Cuándo fuiste consciente de que te gustaba el arte? ¿Tuviste alguna influencia artística en tu entorno que alimentara tu vocación por el arte?

La situación temprana y probablemente más significativa de aquellas que puedo recordar tiene como protagonista a mi madre, sentada a mi derecha en el banco de obra de la cocina, dibujando en una hoja de papel una escena que contenía una casa, un árbol y un coche. Algo muy simple que yo le pedía repetidamente que dibujase. Recuerdo la atracción que producía la aparición de las formas redondeadas que dibujaba y que a mí me parecían ‘perfectas’. Recuerdo a un compañero de colegio, Sergio, que me cantaba canciones de Miguel Bosé, solos él y yo en una situación absolutamente filogay, si apareciese en una película española de la época. El disco cuádruple de los Beach Boys, que me regaló otro compañero, Daniel, con once años ambos y que es en retrospectiva el regalo más valioso que he recibido nunca. Los discos que ponía mi padre en casa, con una proporción muy alta de cantautores, las películas que veía con mi hermana, de cualquier género, siendo muy pequeños, en el cine en el que trabajaba mi abuela. Nunca racionalicé estas actividades concluyendo, posteriormente, que me gustaba el arte. Tampoco tuve conciencia de un amor al arte que me impulsase a buscarlo en uno u otro producto o evento. Simplemente me ha gustado cierta música, ciertas imágenes, ciertas formas de escribir o ciertos contenidos, cierta manera de hablar o de moverse, como a todo el mundo, supongo. Mi admiración primera, aquella que puedo definir como tal, es con las obras. Mi comprensión del artista detrás de la obra, si es que existe, es siempre fragmentaria, al contrario que el mensaje de la obra que puede ser perfectamente satisfactorio y completo, independientemente del componente subjetivo en mi recepción o mi conocimiento del artista. Un amigo y escritor, Daniel también, fue por acuerdo o por oposición, influyente en mi maduración artística. Pero nadie me ha animado nunca, explícitamente, a hacer arte. Me han animado con más frecuencia a exponer o a vender y aún así lo he hecho poco y con poco éxito.